Fantasía operativa

Por Madame Edwarda

Mi computadora se ha descompuesto, joven.
– Como tengo descompuesta el alma desde hace un par de años ya (digo mientras inicio un diálogo simultáneo interno).

* ¿Podría encenderla, por favor, señora?

Claro. Aprieto el botón de encender.
– Tal como acabo de encender mi mirada ante sus lindos ojos color miel y sus pobladas cejas.

* ¿Y qué es lo que le pasa?

Observe: parece que la máquina fuera a arrancar normal, pero la pantalla de inicio no llega nunca.
– Observe cómo lo estoy mirando como si fuera a lanzarme entre sus brazos, a permitirle que me suba a su escritorio, me bese ansioso y me haga el amor salvajemente, sin preámbulos, pero esa iniciativa no termina de llegar desde todas las terminales que conforman mi ser.

Además, he hecho un verdadero relajo con mis contraseñas, quisiera que me ayudara a ponerlas en orden.
– Quisiera que me ayudara a encontrar nuevamente una segura y poderosa contraseña que me permita abrirle mis piernas y estrangular su cintura con ellas.

*Muy bien (dice el joven entre seguro y nervioso; entre firme y experto en su tema).
* Voy a revisar su máquina.

– ¡Por favor!

* Pero antes explíqueme qué pasa con sus contraseñas.

Tenía una para todo.
– Como tenía un marido.

Alguien me sugirió armar varias para distintas aplicaciones, por seguridad.
– Mi conciencia sugirió dejar a mi marido, por piedad.

Pero ya no sé qué hice. Mis contraseñas son a prueba de mí misma.
– Mi separación me sobrepasa. Es como una maravillosa tragedia.

* ¿Qué sistema operativo usa? Pregunta tomando postura decidida.
Windows 8
– Últimamente no uso más que mi sistema “ser mamá”.

* Voy a explicarle sobre los sistemas que pertenecen a Microsoft y los que son independientes.
De acuerdo.
– Mientras yo me pierdo en saborear su melodía y leer lo que posiblemente sus labios estén emitiendo detrás de sus palabras, tal como hacen los míos. Y quizás su maquina parezca encender, pero su pantalla de inicio nunca llegue, tal como no llega la mía.

Universos

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