El interruptor que interrumpe

Por Señorita V.

 

 

A veces pienso que el deseo (hablo del deseo sexual) tiene un interruptor, una palanca con la que se puede intervenir su flujo natural. Y por “puede” no me refiero a querer interrumpirlo, sino a que la capacidad de cesarlo, cortarlo, intervenirlo, bloquearlo, existe.

En mí es real. Me ha sucedido y lo peor es que no me doy cuenta cuando ocurre, sino cuando he pasado demasiado tiempo sin tocarme, sin acariciar mis pechos o juguetear con mi clítoris y vulva. ¿Demasiado? ¿cuánto es demasiado? Pues eso, demasiado, cuando me descubro extrañando mis propias manos y caricias, mi piel caliente y respiración vigorosa. Es como si me olvidara de mí, como si me perdiera en el mundo exterior. Es curioso, nadie habla de ese tipo de extravío ¿o sí? Nadie dice que se olvida de sí misma ¿somos conscientes de ello? Decía que cuando mi deseo sexual se corta es porque me pierdo en el mundo exterior y me siento como si entrara en un espacio definido, con reglas y deberes preestablecidos (no por mí) sin mucha capacidad de movimiento propio. Todo está pre determinado y eso me agota, me chupa la energía, pierdo el centro (mi centro, el que yo he aprendido a construir), me frustra, pero sé que en cuanto entro en ese espacio no hay mucho más que hacer ¿o sí? ¿podría cambiarlo? ¿debería intentarlo? No estoy segura si lo he intentado de verdad, lo que me sucede, y soy consciente de ello, es que este espacio (físico, muy físico) en el que entro inevitablemente y en el que estoy ahora mismo, me frustra con rapidez. He aprendido a reconocerlo (y a interactuar con él) como un lugar difícil de intervenir, casi imposible de transformar ¿entonces qué hacer? No lo sé, no tengo respuesta, no tengo idea, no tengo alternativa. Confío en mí propio deseo, tengo la certeza de que no pueden apagarlo del todo, no pueden cortarlo sin que vuelva a crecer, no pueden bloquearle el paso sin que encuentre un resquicio donde colarse, igual que el agua, igual que mis aguas. Y al escribir esto, siento ese cosquilleo tan agradable y placentero, como una centella, fugaz, no tan fugaz,  en realidad no es fugaz. Aparece y cuando llega se queda, es mi electricidad, soy yo misma. Confío en que a pesar de tener que volver una y otra vez a este espacio que es físico, pero que también es una condición, son reglas y mandatos sociales, aprendidos y heredados, mi deseo sabrá encontrar un hueco por donde colarse y encender el interruptor, encender la llama. Y estoy segura de ello porque el otro deseo, el deseo no sexual me ha llevado a escribir estas líneas. Sentí que las palabras emergían, tuve que hacer un paréntesis como esos que tanto me gusta utilizar en mis actividades de la mañana para escribir, para volcarme en la tinta virtual, en el negro y el blanco en los que tanto me gusta estar.

hannes caspar

Serie Women I. Hannes Caspar

 

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