Tus brazos

venas

Tengo una fijación con los brazos en los que se marcan las venas; me excitan. Especialmente los tuyos. No puedo evitar mirarlos y sentir que son ríos penetrando mis ojos, que bajan con fuerza y me mojan toda. Ahí en medio de la clase, con la profesora hablando del método y la hipótesis, yo voy montada en los rápidos verdeazul de tu piel, y ya no entiendo nada. Podría recorrer los caminos de tu sangre con mi boca, subir desde tus nudillos hasta el hombro, seguir por tu cuello, saborear esa vena que se hincha cuando ríes fuerte. Y ahí, desde tu risa, saltar sin miedo, directo al encuentro de mi lengua con la vena que se asoma en tu vientre y me muestra el camino río abajo. Podría sumergirme por completo, tal vez mudarme ahí. Podría inundar el salón de tanto que me moja ver tus brazos.

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