Vivir haciéndole caso al deseo o hacerle caso al deseo para vivir

Por Señorita V.

 

 

Ahora mismo me siento deseosa. Siento esa energía que recorre la piel de mis piernas, como el vaivén de las olas del mar. Se acerca a mi vulva y clítoris y se repliega a las puntas de mis pies. Luego, aparece en la espalda y vuelve a mis muslos. Otras veces, es simultánea en todo el cuerpo, aparece y desaparece, como una luz que se enciende y apaga, como unos ojos que parpadean, como el aleteo de una mariposa.

Pero es más intenso cuando me dejo llevar, cuando accedo al deseo, digo “sí” mentalmente, digo “sí” con el cuerpo, permito a la luz manifestarse, a las alas volar, a los ojos parpadear. Y no necesariamente es algo sexual, aunque se manifieste en mis pechos, en mis pezones y en mi vulva. A veces es el deseo de una caminata por el parque, otras veces es el deseo de recostarme en mi cama con los ojos abiertos y estar. Incluso con la palabra, el deseo de hablar también me provoca el cosquilleo y cuando me permito hacer alguna de estas cosas, el cosquilleo aumenta, el placer se potencia, mi sonrisa se dibuja. A pesar del mundo, de los deberes, de los amantes.

A eso le llamo yo vivir a través del deseo.

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Ayaka Sayama

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