Miedo, ganas

Por Frau Stern.

 

 

Llevo meses sin acostarme con nadie, pero mi cuerpo no desaparece, encuentro el latido, la llama oculta de mi sexo. Es sólo que no me atrevo a pedir, no me atrevo siquiera a visualizarme desnuda frente a un extraño. Con excepción de este hombre que me gusta, lo veo al salir del trabajo, él sabe que lo miro, estoy segura. He imaginado en momentos cómo será su cuerpo, cómo será su torso desnudo, si me gustará su pene erguido, si estará, o no, circuncidado. Pienso en esta cuestión bíblica, en sus implicaciones. Imagino por un segundo que sí, que seguramente la circuncisión restará perceptibilidad, que un pene que ha sido cortado ha de ser más resistente a sentir. Pienso en aquello que he leído en algún lado, que los hombres circuncidados son más bruscos para hacer el amor pues sin su prepucio ya no reciben las sensaciones con la misma intensidad. Me pregunto, entonces, si ese hombre que tanto me gusta, que choca miradas conmigo, que toca apenas mis dedos cuando nos encontramos en la puerta de la oficina, será amable en la cama, si se tomará el tiempo necesario para acariciarme, para tocarme con toda su mano, para fundirse en mi olor, si no tendrá prisa para quitarme la ropa mientras su lengua atraviesa mi boca y me abre las piernas despacio. Me pregunto si ese hombre sabrá penetrarme con tacto, moverse a mi ritmo, acompañar mi deseo, si tendrá un aliento cálido o si quizá su beso será decepcionante y su cabello dejará pegajosas mis manos. Tal vez sea muy torpe en la cama, no huela bien o termine rápidamente sus asuntos y se quede dormido sin importarle siquiera recordar mi nombre, recordar mi carencia de orgasmos, recordar que no soy sólo una idea en su cabeza con la que se ha masturbado.

Lo miro, lo miro de frente, lo siento aproximarse y yo paso de largo sin hacer el menor gesto, sin mostrar el menor interés. Me muero de miedo, me muero de ganas, escucho el latido silente de mi vulva, lo escucho, sí, pero no puedo hacer más que ignorarlo, mientras camino de prisa hasta encontrar un espacio en el que poder respirar sin que de mis ojos escape u n a  s o l a    l á g r i m a.

 

ana juan

Ilustración de Ana Juan

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