Entrevista con mi cuerpo

Por Madame Edwarda

¿Qué significa amar al cuerpo propio?
– De acuerdo a campañas feministas, debo abrazarlo tal cual es, sin coaccionarlo para ser como los arquetipos que la mercadotecnia de la “belleza” dictaminan.
– Sin embargo… ¡Me gusta gustarme!
¿Y de qué manera te gustas fuera de aquellos arquetipos?
– Aquí es donde tropiezo con la respuesta. No deseo formarme al estilo Heidi Klum; eso es agresivo e imposible. Pero sí deseo moldearme a mi imagen y semejanza, lo que significa, de la manera más estética posible. Odio tener sobrepeso, por ejemplo. La gordura me parece antiestética, más allá de la apariencia. La considero, simplemente, grotesca.
¿En qué se basa esa estética que mencionas?
– En la magnificente belleza de la naturaleza del cuerpo humano. En la armonía y sincronía que respeta su íntegro funcionamiento y su particular apariencia. Por ejemplo, el bajopeso y el sobrepeso no son naturales. Querer la grasa dentro de sí o menos de la que se ocupa, es como apreciar un virus maligno o querer un cuerpo sin bacterias. Me importa un comino la aceptación de los demás. Me importa la aceptación de mí mismo, lo cual incluye esta visión estética. En otras palabras, estar fuera de mi constitución óptima y odiar mi naturaleza, son maneras de violentarme y dejar que el mismo aparato de consumo que vende mujeres irreales, me ofrezca negación de mí, ansiedad por comer chatarra, estrés azucarado, pastillas letales para succionar adiposidades, porquería tan plástica como las mujeres y hombres en televisión.
¿Qué piensas entonces de las campañas feministas acerca de asumir el cuerpo tal como es, renunciando a los adornos y complejos?
– Son vías útiles para exhibir la pluralidad de los cuerpos, la belleza única que porta cada uno, su exquisita e irrepetible configuración. ¡Hay que celebrar la diferencia! Es de toda necesidad combatir los modelos expuestos e impuestos por los medios que mercantilizan el cuerpo. Pero ¡momento! Que no me impongan lo que debo ser, sólo que a la inversa. Se trata, a fin de cuentas, de no decir cómo se debe ser, sino invitar a ser lo que se quiere individualmente ser.
¿Cómo saber si lo que se quiere ser no es un patrón mercantil interiorizado?
– Porque ser y vivir la unicidad en la diferencia causa alegría y gozo, no hay estrés, no se trabaja inhumanamente para ser como alguien más; se disfruta el sexo consigo mismo y con los demás. Se aprecia la desnudez, en todos los sentidos. En alguna época fui preso de los arquetipos y he trabajado para saber quien quiero ser. Ahora he probado esa miel y, no obstante, sigo llevando una dinámica de enfoque, un trabajo de discriminar medios nocivos y discursos que salen de mi naturaleza estética.
¿Cómo percibes el hecho de que el cuerpo del varón no ha tenido que vivir esclavizado a una imagen?
– Eso ha sido casi el otro extremo. El cuerpo del varón suele hacer de sí una piltrafa. Me frustra verlos comer sin medida y a toda velocidad, dejar inflar sus vientres tanto como su ego. Pero definitivamente no codepender de una imagen prefabricada es un derecho que ambos sexos debemos abanderar. Los varones no están distos actualmente de imágenes elaboradas, deben cuidar no caer en esta tendencia. Sin embargo, -confieso- por placer y elección propia, no gusto de los cuerpos que son un atentado de descuido hacia sí mismos; pero tampoco de los que arrancan los vellos de su naturaleza.
A propósito ¿cómo vives el sexo?
– Me fascina autoexplorarme. Me gusta mirarme. Me encanta mirar y tocar otros cuerpos estéticos. Y parte de la importancia de gustarme a mí mismo, reside en que la vivencia sexual está ampliamente basada en la autoerotización. Hay que desearse, hay que amarse y hay que abrazarse. Como dijo Almodóvar en la película Todo sobre mi madre: “Una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma.”

Paul Delvaux, Le Miroir, 1036

Paul Delvaux, Le Miroir, 1036

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