Ese extraño ser llamado ex marido

Por Madame Edwarda

Ese ente llamado ex marido, padre de los hijos, es como una figura tatuada en el aire: no se ve, pero sus vientos siguen azotando. A veces no vislumbro el día en que pueda separar por completo esa relación de pareja -que es ya historia desde hace más de tres años- y la relación actual como padre de nuestros retoños que sigue involucrando largas pláticas, constantes acuerdos, planes organizados, momentos de orgullo y lágrimas emocionadas en torno a ellos.
Conforme pasa el tiempo, más amorfa es su figura, más rara su apariencia. ¿Quién ese ser que a veces tiene tanta identidad y otras carece de ella? ¡Qué condena! El alma propia anhela una tregua, un paréntesis, un estado prolongado de ausencia para aprender a desmenuzar las emociones. Pero ¡¿cómo se puede cortar con ese hombre compartiendo algo más que íntimo y común: los hijos?! Hay días en que esto me parece dulce, una complicidad que asumo y puedo acariciar. Otros, me parece insoportable, apabullante, exijo la renuncia, no quisiera sentir sus ráfagas nunca más, su sombra me altera, me desconcierta, me confunde.
Me es tan conocido y tan ajeno. Tan cercano y tan lejano. A veces no embono ambos polos. Ahora somos invitados fugaces en nuestras casas: aquí está la maleta. No olvides darles 5 gránulos cada ocho horas. Besos, niños. Diviértanse. Adiós. Hay confianza y hay límites. Hay intimidad y no hay sexo. Lo veo en su casa –como solía ser en la nuestra- caminar de un lado a otro en calzoncillos. Yo lo sigo con la mirada y –como solía ser en casa- observo que el resorte se descosió. Podría correr con la aguja a zurcirlo. Podría ir tras de él a quitarle una pestaña del hombro, podría sacudir sus pantalones empolvados en las nalgas, sin que el deseo me atraviese en ningún momento. No obstante, otras veces me saluda y sus labios tibios en mi mejilla podrían hacerme correr a acurrucarme entre sus brazos. Es tan ex marido y tan padre de mis hijos.
¿No sería más fácil si la pasáramos peleando, como solíamos? Para complicar aún más la situación, hemos dejado de irnos contra la yugular. La cordura y el amor hicieron justicia ¡al fin!. Ahora he quitado los velos del ego, de la intolerancia, de los juicios, de las condiciones para ver a esa persona que elegí como padre de mis críos. Sin embargo, es difícil despertar a la humanidad y al amor que hay en el otro, al mismo tiempo que una dice adiós y, a su vez, lo tendrá que seguir viendo por el resto de la vida.
Yo aguardo el día en que esa relación me parezca del todo una hermosa amistad. Creo que me voy acercando. Y mientras tanto, no deseo escuchar de otras personas que no termino de soltar. Esa ecuación me altera más que todo lo demás.

Ilustración tomada de allposters.es

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