Esa que soy

Por Madame Edwarda

A pesar de no ser ya una jovencita, hace relativamente poco que comencé a entender todo aquello que abarca y atañe a mi sexualidad. Como si al transcurrir una cierta edad o, quizás, al sufrir tanto una separación, la vida me hubiese sacudido para obligarme a echar un vistazo a esa que soy.
¿Así que sexualidad no es sólo tener, como dicen los alemanes “Geschlechtsverkehr”, lo que significaría literalmente “tráfico de genitales”, es decir, relaciones sexuales? Por supuesto que no, respondió la vida, mirándome compasivamente.
De pronto, sin pudor a decirlo, comencé a entender que una multiplicidad de procesos internos expresan mi sexualidad, incluyendo la decisión de no tener aquel tráfico. (A propósito, la primera vez que yo escuché este término fue en una consulta ginecológica en Alemania, rubro donde se utiliza la palabra. Nadie pregunta a su pareja si quiere tener tráfico de genitales. Pero el médico sí y me impactó el concepto, porque comunica una situación gráficamente real que refiere a lo que a un ginecólogo en cuestión de salud podría interesarle: el paso de un genital externo a mi genital. Preciso y conciso. Nadie quiere saber si hice el amor o si tuve relaciones sexuales, que pueden abarcar X cantidad de manifestaciones. Por eso me fascina ese idioma, todo en su forma es así, sin rodeos y exacto).
Así pues, esa que soy es una raíz diversificada de sexualidad: La configuración de mi cuerpo, la composición de mis hormonas, mi ovulación, mi menstruación, mis embarazos, mis partos, mis postpartos, la leche de mis senos, mis excitaciones, mis orgasmos, mis deseos de tocarme a mí misma, mis deseos de estar con alguien más, mis desánimos a ser tocada, mis enamoramientos, etcétera. Todo lo que implica hacerme cargo de mi integridad física y humana.
Toda esa que soy a través de mi sexualidad me ha maravillado estos últimos años. Y como máquina presurizada sigo descubriendo formas de vivirme a través de ella.
Esta semana tuve el periodo. Hace algunos meses, en ese tren imparable de curiosidad y experimentación, descubrí una manera diferente de recoger la sangre que brota desde mi vientre. Encontré una copa para recaudar gota a gota mi menstruación. Desde entonces, el cristal con que la miro me la ha develado distinta. Realmente llega cual primavera gestándose colorida y llena de vida. Mi sangre no es ya a mis ojos un desecho, sino un proceso orgánico e, incluso, es fuente de vida. He escuchado sin gran documentación que ella contiene células madre mucho más poderosas que las ya conocidas del cordón umbilical. Pero no sólo eso, yo he experimentado a mi sangre dar vida.
Hace un par de días, retiré la copa de mi vagina y la repartí con agua a mis plantas. Al día siguiente, ellas brillaban como si hubiera untado aceite en cada hoja; incluso, una que yacía triste, amenazando casi con marchitase, adquirió un brío impresionante.
¡Mi sangre da vida!
Fue una vivencia emocionante. Sigo explorando y entendiendo la magia natural de mi cuerpo, su insospechada conexión con el universo, su sabiduría y su nobleza para abrazarme tal cual soy y devolverme esa belleza frente a mi propio reflejo.

Ilustración tomada de: http://tiendaumya.blogspot.mx/

Ilustración tomada de: http://tiendaumya.blogspot.mx/

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