Mis tres canas

Por Madame Edwarda.

 

 

Tengo tres canas en mi cabello. Las ubico y las miro en el espejo, las cepillo, las preservo. Cada deslizamiento ocurre como una pincelada que saca brillo al transcurso del tiempo. Cada brillo parpadea un flash de sensaciones. He caminado. He crecido. He soñado. He elegido. He besado. He cogido. He parido. He amado. He desamado. He vuelto a soñar. He de-construido. He vuelto a construir. He devenido devenir. He andado una larga y amplia vera para llegar a mis tres canas, para saberme acercándome a una edad camaleónica-reptil. Voy por el camino cambiado colores, dejando pieles, probando nuevas. Soy vieja, pero no adulta. Sigo creándome y creyéndome, siento-sueño-deseo-juego-grito-gozo-lloro-anhelo-salto. Acaricio mis tres canas y reconozco el camino. Tomo el cepillo como un gran micrófono para dejarlas hablar, me paro frente a mi espejo y las escucho. Me vociferan historias, fábulas, fantasías. Desnuda frente a mis canas, soy el reflejo de la Eva echada del paraíso, sólo que no deseo cubrirme. Entonces experimento fascinación, libertad. Celebro mis tres canas, ese pasadizo consciente del devenir, de la autocreación constante, de la vejez siendo siempre juventud. ¿Quién puede decir que con la edad dejó de sentir? Mi cuerpo desea tanto como la primera vez. Mi alma se enamora tan enajenadamente como en esa carta oxidada, nunca entregada. Contemplo mis canas, las recuesto conmigo y les confío mi ser para seguir siendo.

Peinándose

“Mujer peinándose el cabello”, Edgar Degas.

 

Anuncios