Estuche de monerías o caja de Pandora

Por Madame Lamer.

 

 

Aparentabas ser dueña de ti antes de serlo, porque querías gustar. Para ser mujer, delante de los hombres, de los niños que querían ser hombres, debías dividirte en sujeto y objeto, primero, y luego convertirte en la dueña de tu objeto.

Tu objeto parecía ser tu sexo, pero era sólo la entrada. Tu objeto era tu vasija, una vasija capaz de hacer su contenido, un objeto para hacer sujetos. Y tú nada de esto sabías, ni pensabas que había algo tras esa puerta, apenas hace poco vestida de vello. ¿Podrían penetrar por esa puerta recién abierta? Era tu principal preocupación. Si no fingías saber perfectamente qué era ese objeto tuyo, alguien más podría arrebatártelo.

Recién cubierta por fuera de volumen, debías decidir si caminar erguida y o agachada. Caminar erguida parecía ofrecer. ¿Sería provocar? Caminar agachada parecía ocultar ¿por cuánto tiempo?

Querías gustar, antes de saber qué te gustaba. ¿Quién te iba a tratar bien por ser sujeto? Así como te gustaba el estuche nuevo de Snoopi, el de Hello Kitty. Pronto te diste cuenta que si ofrecías el estuche así nomás de buena fe, a ver si al niño le gustaba, podías a acabar sobre cualquier banco, en cualquier rincón. Mi mamá no me deja prestarlo, aprendiste a decir. Pero me lo devuelves, aprendiste a decir. Se mira pero no se toca, aprendiste a decir.

A la salida aguardaban apostados los hombres que sabían, y te preguntaban sonriendo: ¿Ya viste lo que traes ahí? Cuando quieras yo te enseño. Y tú, aún ignorante de lo que  deseabas, no podías permitir quedar como una ingenua. Era fácil sonreír, caminar, mirar o soslayar como si supieras. Todos hablaban de esa promesa guardada, y te hacían crecer la expectativa.

Al abrirlo, el estuche de monerías se miró atónito convertido en caja de Pandora. Adentro de la Matrioshka había otra muñeca. Adentro de la niña que no sabía que era mujer había por eso mismo otra niña que no sabía que era mujer, y así, hasta el pedacito de madera lijada y barnizada al que no cabían ni los ojos. Se te cayó la caja de las manos y escuchaste cantar: She makes love just like a woman, but she breaks just like a little girl.

Lo recogiste y volviste a poner todo en su lugar, el que tú habías decidido para cada cosa. Te adueñaste, ahora sí. Dejaste de ser promesa y te convertiste en amenaza.

Magritte,_ilustración_Caja_de_Pandora

Magritte, Caja de Pandora

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