No sólo quiero sexo, también quiero amor

Por Nina Vainilla.

 

 

Puedo invitarte a mi casa en la primera cita y no por eso como dice mi abuela “matar el misterio”. Tal vez sí, es que hago todo al revés: primero cogemos, luego empiezo a conocerte, después nos hacemos amigos, y después me enamoro. O primero me enamoro aunque no hayamos cruzado palabra, después cogemos, después te conozco y al final nos hacemos amigos ¿Te confunde?

Yo me confundo, pero pienso en tus ojos mirándome desnuda y todo se acomoda. Sigo el camino azul que trazan las venas de tus brazos, que conecta con tu abdomen y me lleva hasta el lugar de lo inequívoco. Esto no puede ser una confusión. Entras en mí y me deshaces, a mí y mis dudas y mi vida enredada. Entras y haces arder mi historia de mujer independiente que no teme coger en la primera cita y sin depilarse, que puede prender el boiler sola.

Desmadejada en la cama, con la mañana en nuestra piel, temo que no vuelvas más. Siento que apagué la historia sin que hubiera empezado. Quiero darte un misterio a resolver para que vuelvas, decirte algo que te intrigue, pero lo que hay soy yo, transparente, sin depilar; lo que te doy es un beso y lo que te digo es: ¿quieres café?

 

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