Nombrar el propio cuerpo

Por Tristouse Ballerinette.

 

 

Hay tantas cosas referentes al sexo que no me permito, no me permito ni siquiera nombrarlas, me ha costado mucho trabajo atreverme a decir ano, por ejemplo (aunque acabo de escribirlo). Es una palabra que me parece fuerte, vedada. Sexo anal, no. Nunca. Lo encuentro degradante. Y he confirmado esta idea en el Kamasutra, es considerado la clase más baja de amor (sí, sí, resguardo mi (ano) con principios de autoridad). Recuerdo hace mucho tiempo, yo estaba en la primaria, y había un letrero en la pared, elaborado con letras de papel de colores. Decía: “¡Feliz año nuevo!”. Y uno de los chicos más inquietos de la clase, al salir la maestra un momento, le quitó la tilde a la Ñ y quedó la fresca y resonante frase: “¡Feliz ano nuevo!”. La clase entera comenzó a reír, yo me reí también, claro, pero sinceramente no tenía ni idea de qué significaba aquello. Lo único que sentí entonces fue una extraña vergüenza, sabía que aquello sonaba mal, pero no tenía ni idea de por qué.  Así de exagerado, así de absurdo. Me queda más que claro que nadie se tomó la molestia durante mi infancia de enseñarme, ya no digamos a nombrar, sino a conocer, a sentir, a diferenciar, las partes de mi cuerpo.

La vulva la encuentro muy familiar, también el clítoris, pero he de decir que también he logrado nombrarlos con todas sus letras ya en la adultez. La vagina, ha sido hasta hace relativamente poco que me he atrevido a reconocerla  por dentro. Hoy lo que me parece absurdo es el hecho de que haya habido diferentes médicos que han metido mano con ganas y con gusto a partes de mi cuerpo que para mí permanecían sencillamente inexploradas, prohibidas. Una vez tenía cita programada para revisión ginecológica y yo me moría de vergüenza durante la ecografía vaginal porque en ese momento menstruaba.

Ha sido gracias a un hombre que he sabido lo que es la estimulación vaginal (sin pene). Una vez, mientras nos besábamos, él simple y llanamente deslizó su mano por entre mis bragas y me metió un dedo. Y me gustó. Fue la iniciación perfecta para una mujer que, sin quererlo ni saberlo, había permanecido desconectada de su sexo. Hoy me guío por las ganas de seguirme conociendo/construyendo y espero que ya no sea necesario que ningún otro me muestre el camino hacia mí misma… Aunque el sexo anal, ¿quién sabe?, me parece que ese sí lo dejaré pendiente para otra vida.

anna grimal

Anna Grimal

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