Lo que daría por volver a sentir la humedad de una lengua

Por Francine.

 

 

Anochece su sexo. Piel acartonada y vieja, olvidada. Piel ignorada, invisible, seca. Lo que daría por volver a sentir la humedad de una lengua recorriéndole la oreja, los párpados, los labios entreabiertos. Una mano fuerte y rugosa desabrocharle sin consideraciones la blusa, y con un solo dedo, el medio, circular primero el pecho desnudo, palpitante, acariciarle los senos sin desabrochar el delicado sostén que se interpone entre las pieles. Meter la mano por debajo de la tela apretada, sentir de veras el cuerpo, la areola contundente, el pezón erecto. Apenas poder respirar de placer, iluminarse por dentro.  La otra mano apretando las nalgas con firmeza, atrayendo, hasta lograr un suave roce entre el pubis y el pene duro, grande. Dejarse llevar por el ritmo, olvidarse hasta del propio nombre. Desentenderse del rostro ajeno. Jadear sin pudor, permitirle sencillamente al cuerpo hacer lo suyo. ¡Ah!, quedarse dormida después, entre los brazos de nadie, de todos. Despertar sola, sin más anhelo que permanecer sin juicios, sin esperanzas absurdas y con una sonrisa iluminándole la boca.

 

Darja Charapova

Ilustración de Darja Charapova

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