Vamos haciendo olas desde lo profundo

Por Tristouse Ballerinette.

 

 

A veces ni yo misma me entiendo. A veces se me nubla de golpe la mirada, mi vida entera transcurre por debajo de mis párpados y entonces no queda más que sombra, penumbra, confusión, miedo. Te he dicho antes que me sitias, que no me dejas respirar, cuando lo que sucede en realidad es que no me alcanza el aire, se me hace un hueco en el pecho cada vez que me asomo a la vida. Me enojo porque me procuras, ¿acaso no tengo derecho a recibir atención y cuidado? Me asusta que pretendas instalarte en mis días (poco a poco lo has hecho). No tengo nada para ofrecer, me aterra lo doméstico, la convivencia, la negociación de los espacios y los tiempos, la pérdida de intimidad. Sin embargo, ansío esas noches en las que me reconozco en tu cuerpo, en las que deseo hundirme en tu olor y busco que tu voz me inunde, que me bañe toda, llegue hasta mis axilas y mis hombros, que tu respiración me sacuda y con la boca exhales el aroma de mi sexo y más allá de la desnudez tú quieras penetrarme, me tomes y naufraguemos juntos ahí donde la historia no existe porque lo acontecido se escribe cada vez, cada vez hay un nuevo comienzo y nos mecemos juntos en el mismo sudor, en el mismo vaivén acompasado de los cuerpos y vamos haciendo olas desde lo profundo mientras nos miramos sin hablar,  yo te siento apretar con tus manos mis nalgas y me acercas a ti con firmeza, con una determinación que no posees cuando abandonamos el caos de los alientos, cuando la tormenta nos arroja fuera del océano y tú ya no sabes dónde ni cómo andar tus pasos, si conmigo, si a través mío, a tropezones, o en solitario. No sabes ya si detenerte. Me pregunto para mis adentros, ¿acaso él tampoco tiene algo concreto para dar? ¿Existe más allá de su persistencia un asidero, un puerto, una barca, alguna certeza de su rostro? ¿Hay fundamento alguno entre él y yo, o no somos otra cosa que una ciudad enclavada entre las rocas del mar, una ciudad que terminará irremediablemente erosionada, vuelta añicos, sepultada?

Entonces mejor cierro los ojos y me aventuro en la noche, me pierdo en el silencio y la oscuridad se filtra por entre mis labios y no permite que ninguna expectativa se vierta sobre lo que soy, que ninguna verdad determine lo que he sido. Me quedo blanca, estática, sin respuesta posible, sin tiempo ni sonrisa.

 

Venus Verticordia_Dante Gabriel Rossetti_1867-68

Venus Verticordia de Dante Gabriel Rossetti. 1867-1868

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