El extraño de la calle entre la multitud

Por Señorita V.

 

 

Hace poco volví a verte, entre la multitud. Estoy segura que eras tú. Identifiqué tu espalda, tus hombros y brazos fuertes, tu andar y tus pasos firmes. Quise que me vieras, intenté colarme entre la gente hasta alcanzarte. Quise como yo, que imaginaras, que recrearas nuestro encuentro. Quería que nuestras miradas volvieran a cruzarse, como aquella mañana, en donde todo estuvo dicho. Aquella vez que entre risas y miradas de complicidad me seguiste hasta mi casa,  y nada más cerrar la puerta te lanzaste sobre mí y yo te abracé con brazos y piernas, y tú tocaste mis nalgas que quedaban casi descubiertas. Y nos tiramos al suelo, te quité la camiseta y el pantalón, el cinturón dificultaba un poco las cosas, estábamos muy excitados. Mi vestido voló, al igual que mi tanga.  Toqué tu pecho, te lamí los pezones, me tocaste los labios de la vulva, el clítoris y yo estaba a punto de estallar. Sentí tu verga dura y grande contra mi vientre, iba a tocarte, me detuviste, estabas muy excitado. Me la clavaste, yo estaba muy mojada, nadabas dentro de mí, me dabas fuerte, tocabas mis pechos y yo tu espalda, tus nalgas, tus bolas y estallamos juntos. Al poco tiempo nos levantamos, me preguntaste si podías usar el baño para darte un regaderazo. Diez minutos después te habías ido.

Entonces me abrí paso entre la multitud, me excitaba recordar, te alcancé. Quería que me miraras y al hacerlo cambiaras de dirección y me siguieras. Pero por más que me acerqué no me miraste, no eras tú ¿o sí eras? Te miré de reojo, parecía el mismo rostro, los mismos ojos, las mismas manos, el mismo cuerpo. Era el mismo cuerpo, pero no eras tú.

 

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