De ciencias sociales, orgasmos y vaselina

Por La Licenciada, especialista en ciencias sociales varias.

 

 

Cuando era niña me enseñaron que una mujer se cuida a sí misma por partes: que no te toquen ahí, que no te agarren allá, no enseñes acullá. También me enseñaron que el sexo es sinónimo de penetración y que ésta debería ocurrir únicamente cuando va de la mano de algo llamado amor. Seguramente, como resultado de mi interpretación de esas enseñanzas, pasé varios años cuidando estoicamente mi vagina del paso de algún pene no amado; mientras tanto, mi boca se encontró con pitos desconocidos, y uno que otro dedo, inofensivo a mi juicio juvenil, hurgó recorriendo mi vulva.

Ocupada en cuidar a quién entregaría el tesoro que, a mi entender, residía en algún lugar recóndito de mi vagina, cedí mi corazón y mi voluntad en no pocas ocasiones. Así, con la “virginidad” teóricamente sin mácula y el corazón existencialmente destrozado, fui descubriendo, con mucha lentitud, que me ponía en riesgo al cuidarme sólo algunos pedacitos.

Finalmente creí encontrar eso que llamaban amor y me decidí a abrir la puerta al reservorio que serviría como prueba fehaciente de la profundidad de mis sentimientos. La primera vez resultó un fiasco. El sujeto que había conquistado mi corazón, con el consiguiente acceso irrestricto a mi vagina, tenía nula experiencia en las cursimente llamadas artes del amor. Posiblemente como resultado de mis recientes aproximaciones a la fenomenología existencial a través de “Las Nuevas reglas del método sociológico”, regresé a casa segura de que había experimentado cualquier cosa, menos una penetración a cabalidad. Para mi buena fortuna, mis dotes de investigadora afloraron y  decidí no darme por vencida.

No me considero empirista a ultranza, sin embargo reconozco que el mayor aprendizaje de ese período de mi vida se resume en que todo conocimiento teórico sobre el cuerpo ha de ser empíricamente verificado. Al regresar a casa, con un condón, una malla y un pomo de vaselina, improvisé un consolador rudimentario. Sabía que algo más tendría que haber y me dispuse a encontrarlo. La media noche me encontró feliz y agotada. Días después también me encontró la cándida; entendí que la vaselina no sería mi mejor amiga y registré en mis notas el descubrimiento.

La segunda vez, que para mí debería ser considerada como la primera, fue magnífica. Procedí sin miramientos ni restricciones, dispuesta a comunicar los avances en mi investigación reciente. Fuimos felices, lo supe por su mirada de asombro y por los calambres en las piernas que me duraron por muchas horas. Aunque en notas posteriores sí he registrado episodios de inmensa felicidad, no hay registro de calambres tan fuertes como los de aquella ocasión.

Las siguientes veces fueron regulares, luego malas, luego pésimas, luego nada. Me olvidé de registrar sistemáticamente lo que estaba pasando porque estaba obnubilada por las ansias de mi vagina.

Con el paso del tiempo entendí que además de mi corazón y mi voluntad, había traicionado mis habilidades como investigadora. Por descuido, mis pesquisas en la ciencia del buen sexo y los orgasmos se vieron en riesgo cuando decidí ceder el papel de investigador titular a una persona con escasa formación en el tema. Eso me lleva a reflexionar sobre el temor de muchas mujeres, incluida yo, a poner voz a los hallazgos construidos desde la experiencia. Pero ese tema tiene muchas aristas y  necesariamente implica otra entrada.

 

Mi desdén por las especialidades me ha ayudado a entender que una mujer no se cuida por fragmentos, se cuida completa, incluyendo su voluntad de aprender y compartir.  También he entendido que, aunque encontremos motivante la divulgación del conocimiento, no todos los hallazgos científicos son bien recibidos por todas las audiencias. Por último, aunque reconozco y valoro la sabiduría popular, aprendí que aunque se diga que las cogidas deben ir con vaselina, la evidencia empírica nos muestra que no es posible asegurar una buena experiencia con el uso de semejante compuesto químico.

Anexo 1: Link a la página Lubricantes naturales para tener relaciones http://otramedicina.imujer.com/4788/lubricantes-naturales-para-nuestras-relaciones

 

Anexo 2: http://www.youtube.com/watch?v=PQuT-Xfyk3o&list=PLVna2B64pQwolR2Y09aqHuIEwWh0RVuLq

stoya

Hysterical literature

 

 

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