También las jacarandas

Por Nina Vainilla.

 

 

Es primavera y llueve. Afuera las calles llenas de coches llenos de gente llena de prisa. Adentro yo desnuda, sin miedo. Siento tu mirada recorrer mi cuerpo imperfecto que camina en calma por tu casa blanca blanca y perfecta. El olor a tierra mojada hace germinar mi deseo. Frente a la ventana me pregunto si alguien puede vernos. “Sólo los fresnos”, dices y con un dedo sigues de regreso el camino que mi humedad trazó bajando por mis muslos. Siento el frío del cristal presionando mis pechos y tu calor firme detrás de mí. Afuera la ciudad grita. Tú adentro me haces gritar. Una explosión de lluvia violeta inunda todo, nos hacemos agua. “También las jacarandas nos ven”, te digo mientras con mi dedo recorro el camino que las gotas de lluvia trazan en la ventana.

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