Re-conciliaciones

Por Madame Edwarda.
Casi 37 años. Me la he pasado desde mi pubertad hasta un poco antes de mis treinta quejándome de ti, de la sistemática monserga que es para mí que tú existas en mi vida… Tuve noticia de ti cuando yo tenía 11 años; llegaste como un asaltante, me aterrorizaste, nadie me habló de ti y nadie me advirtió de tus diversas manifestaciones… De pronto corría sangre entre mis piernas y, por si fuera poco… ¿Por qué tengo que inventar el hilo negro cada vez que a ti se te ocurre cruzar por mi camino con apremiante necesidad? Amenazas todo el tiempo a mi estabilidad.
Resignada, me entregué casi 20 años a los brazos de la indignación y la resignación. Ni hablar, una vez más tendré que llorar, patalear y lamentar lo triste que es todo por tu culpa y por tu gran culpa.
Como si fueses un ente extraño, ajeno a mi ser, te observé sorprendida, alienada, enemistada… ¡Qué cargado e irrespetuoso eres conmigo! Ves, ya tengo ganas de llorar… ¡Y cada vez me haces lo mismo! A veces te pensé como si fueras un dictador. Me atropellas, pasas por encima de mí y no pides mi opinión…. ¡Oh, verdugo Sistema Hormonal que habitas en mí y nadie me enseñó a convivir contigo, a reconocerte y acariciar tu existencia!
Hemos tenido noches apasionantes, de muchos tipos: a veces a pesar de ti, a veces a pesar de mí… Está bien, lo sé, yo también te he atropellado a ti, perdóname, no nos hemos dado un trato respetuoso, no nos hemos dado tiempo de conocernos; yo estaba tan ocupada ocultándote, ocultándome… Tú sabes cuánto me molesta que juzguen mis ánimos debido a tus volubles estaciones. Por ello, aprendí a sofocarte.Omar Ortíz
Ahora te escucho ¡no me grites! Hemos tenido tantas vivencias… Entre la menstruación, la ovulación volcánica, el sexo y los embarazos he aprendido a sentirte, verte, olerte, palparte… Hemos dado a luz a nuestros hijos, con el tiempo he aprendido a conocerte, re-conocerte, también a aceptarte… Sí, de hecho, también a admirarte, venerarte y bendecirte. Supongo que maduramos en algunos aspectos con el paso de los años. Últimamente, desde que me convertí en una mujer con tres décadas, pienso que lo más sabio es escucharte, de esa manera tú también puedes escucharme y como en una conciencia cíclica, cósmica y recíproca decidimos lo que es mejor para amb@s.
No, ya no estoy enfadada contigo; por el contrario, conocerte me resulta cada vez más interesante. Apareces sistemáticamente, pero eres exquisitamente variable, impredecible y complaciente con mis emociones. Estás informado de lo que pasa en el exterior y te conviertes en mi cómplice. Estoy aprendiendo a no juzgarte y deseo ser gentil contigo en todas y cada una de las etapas que nos quedan por vivir. 
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