Amado X

Por Madame Edwarda.
Ensimismado con aires de aventurero; intelectual presuntamente de amplio criterio. Ese es tu nombre, el que yo te doy, no a la orilla de una pila de agua bendita, sino de mis humedades sagradas, aquellas que cavaste desde la tierra compactada en mi corazón.
Viniste a mí a decir una sarta de improperios seductores, encendiste mi mirada amorosamente promiscua y ávida de ti; abriste mi boca para adherirla a tu lengua y me dejaste a mí la tarea de desprenderla.
¿No eran acaso nuestros besos las nupcias más legítimas de nuestras almas? ¿Quién diablos te dijo que ti que podías venir a inquietarme con tus vacíos? ¿Quién diablos te dijo a ti que mi piel no siente, que mi corazón no arde, que mi ser no te espera? Ahora me escondes en el baúl cual niño lo hace cansado de jugar.
Sublimaste mi atención, existí frente a ti, de carne y hueso, de mente y alma; me puse a desearte con todo el aroma de mi sexo, con los brazos largos y flexibles de mi amor. Puse la mesa en el color de las flores, cambié las sábanas de los sueños y nos di la bendición. Imaginé recibirte con mi pecho transparente, mostrarte entre velos mis pezones erectos, dándote todo el tiempo la bienvenida; imaginé abrirte la mina oscura de mis genitales y dejarte entrar hasta salir por mi boca e ingresar nuevamente en mis ojos; ensoñé quedarme a tu lado, bajo cualquier forma, la posible, mientras nos atravesara, a ambos, a través de la unión.
Hice planes para ambos. Canté con las aves nuestra química recíproca.
Pero entre todas las fantasías eróticas y dulces que tuve de nosotros, olvidé imaginar que tus palabras contenían la omisión de mi existencia; olvidé que yo sólo era el fantasma que te acompañaba en la cama de la monotonía un día de vacaciones. A veces soy olvidadiza. Perdóname.
Sin embargo, te has ido con el tiempo que todo lo redime. Ha permanecido un río de humedades. Encontraste el arroyo de una mujer viva, deseante, excitada e incitada a tocarse a sí misma con todo el amor que ha sublimado en sí a partir de ti. Podría acostarme con Y pensando en ti, X; y maravillosamente celebro que esa no es la nomenclatura de mi ser. Me acuesto conmigo, quien seduce día a día mi alma.
Descubrí que suelo acostarme con quien labra mi corazón, con quien nunca olvida al seducirme que yo existo, siento, amo, lloro, río, gozo.
Entonces entreabro la blusa transparente frente a mi espejo, me retrato fascinada de mi voluptosidad. Amo mi voluptosidad, me inspiran mis curvas, mis pequeños senos firmes. No falta nadie en la escena, estamos frente a frente mi mirada lasciva y yo. Me fascina mirarme de mil formas, me afirmo como la fuente de todas esas emociones que he podido recrear en ti: pasión, excitación, erotismo, ternura, dulzura, compasión, apreciación, gratitud…. Así es, ahora te estoy agradecida por llevarme de la mano hacia mí:
Soy fuente y modelo del universo y tocarme a mí misma me moldea, me recrea, me reafirma.
Te deseo la misma suerte de encontrarte contigo mismo y hacerte el amor, querido X.
Siempre tuya.
Mujer universo
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