Arte Erótica

Por Madame Lamer.

Tú no tienes manos de pianista, ni yo soy un Stainway. A ti no te interesa mi espíritu, y yo detesto que me espíen el espíritu. Prefiero que me espíes las tetas disimuladamente, a que disimuladamente me espíes el espíritu. Como cuando estás haciendo el amor con alguien y se quiere asomar a tus ojos, a ver si alcanza a ver tu espíritu, como si estuviera encaramado a una cornisa alta para ver por la ventana si la casa está habitada o no. ¿Y por qué, digo yo, si tiene todo mi cuerpo para preguntar? Si hacer el amor es diluir el espíritu en el cuerpo. Y justamente, en el orgasmo, no es el espíritu el que asoma por los ojos, son los ojos que se hacen cuerpo. Y en medio de ese deslave, de ese derrumbe hacia la encarnación, no puede haber un tipo buscando quién sabe cuál espíritu, el mío menos. Por suerte tú no tienes manos de pianista, ni yo soy un Stainway.

La cuarta alcoba de amor_Bernard Faucon

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